Hace unos días me senté con Charles en Charlas con Charles, el espacio de conversación con empresarios de la región, a hablar de una industria de la que en Córdoba casi nadie habla: el coco. Charles abrió con un dato de Fedecoco que a mucha gente le sorprende. En 2023 el negocio del coco movió cerca de 200.000 millones de pesos y generó unos 22.000 empleos entre directos e indirectos. Y el departamento más productivo del país en coco es Córdoba.
Cómo llegamos al coco
Este viaje empezó hace unos seis años en un escritorio. Buscábamos un cultivo de alto valor que no se quedara en materia prima y pusimos varios sobre la mesa: mango, limón, papaya, maracuyá, palma de aceite, marañón y coco. Después de casi un año de análisis de mercado, de producción y de precios, el que quedó fue el coco.
Luego vinieron casi dos años en carretera. Recorrimos unas 40 fincas, desde la franja cocotera de Palomino, en La Guajira, hasta el Urabá, para entender cómo se cultivaba de verdad. En el camino conocimos a pioneros en Córdoba, en el Urabá y en La Guajira que sembraron 50 o 100 hectáreas sin tener la información que hoy tenemos. Gracias a ellos el coco está en la conversación.
En la charla también le conté a Charles de Chambacú, el restaurante que tuve 18 años en Chapinero, en Bogotá. Allá vendíamos pulpas de zapote, níspero, corozo y guayaba agria traídas de Córdoba, y llegaron a ser casi el 20 % de lo que facturábamos. Ahí aprendí lo que cuesta asegurar a los proveedores y lo que vale que un productor maneje bien su cultivo.
El coco no es un tanque de guerra
Por años el coco se sembró como cultivo de patio, en el pedazo de finca que no servía para otra cosa, sin riego y sin fertilización. Mucha gente levantó a su familia así. Pero si queremos competir, hay que manejarlo como cualquier cultivo tecnificado. Estas son las cifras que di en la conversación, siempre con buen manejo de agua, fertilización y labores:
- Coco alto o criollo: entre 100 y 120 cocos por palma al año. Estabiliza su producción hacia el año siete. Es el más rústico y el más longevo.
- Coco enano: puede casi triplicar al alto, alrededor de 300 cocos por palma al año. Florece al año dos, produce al año tres y estabiliza al año cinco. Su mercado natural es el agua de coco.
- Híbrido (cruce de enano y alto): queda en la mitad, unos 200 cocos, y hemos visto palmas que llegan a 250. Estabiliza hacia el año seis y sirve para agua, aceite y copra.
- Lo que deja: nosotros estresamos los números y calculamos el coco a 2.000 pesos en finca, no a 4.000 o 5.000 como algunos. Con eso, una hectárea de híbrido en plena producción puede dejar entre 2,4 y 2,8 millones de pesos al mes después de costos.
- Empleo: por cada 5 hectáreas tecnificadas se genera un empleo directo. Una finca de 100 hectáreas son 20 empleos.
Del coco sale mucho más que coco
Un empresario español, de los más grandes del mundo en sustrato de coco, me dijo hace poco que en su negocio se acuestan con 99 subproductos del coco y al día siguiente amanecen con 100. El agua de coco crece a dos dígitos en el mundo. El aceite va para la cocina, la chocolatería y la cosmética; aquí en Córdoba, Coco Salvaje lo convierte en cremas y desodorantes. De la parte dura salen biochar, carbón activado y artesanías, y de la copra salen aceites, deshidratados y alimento para animales.
El caso que más me gusta contar es el de los arándanos. Montar una hectárea de arándanos en Boyacá cuesta entre 600 y 700 millones de pesos, y cerca del 17 % de esa inversión es sustrato de coco. Para el sustrato de una hectárea de arándanos hacen falta unas 10 hectáreas de concha de coco. Hoy Colombia importa contenedores de sustrato de Sri Lanka y de India, mientras en las fincas la concha, que antes se botaba, ya se vende entre 50 y 100 pesos. Esas uniones entre cadenas son lo que llamamos corredores agroindustriales, y en el Caribe caben varios: Córdoba, Cesar y La Guajira, Magdalena.
Lo que falta: transformar
Colombia es el quinto productor de coco en Latinoamérica, después de Brasil, México, República Dominicana y Venezuela, y a nivel global somos marginales. Brasil aprobó en 2014 una ley solo para fomentar el cultivo, con crédito, investigación y riego. Hoy allá ya están microfiltrando el agua de coco para que dure más sin perder sus propiedades, y nosotros apenas estamos pensando en sembrar.
Por eso en Sabana Agro no queremos quedarnos en vender semilla. Fuimos los primeros en Colombia en traer genética de coco de Brasil, y no se me olvida el día en que desembarcaron los dos primeros contenedores en nuestro vivero. Hicimos en abril el primer foro de coco en Córdoba, estamos preparando cursos con Agrosavia y la academia, el primero sobre genética y fisiología del cultivo para quien arranca desde cero, y ya estamos hablando con fondos de inversión sobre transformación.
Si está pensando en sembrar coco
- Documéntese con fuentes primarias y hable con gente que le diga las cosas de frente. No se quede con una sola versión, ni siquiera con la nuestra.
- Invierta cerca del 0,5 % del proyecto en estudios previos: física y química del suelo, topografía y, sobre todo, agua. No puede depender de la lluvia. A dueños de finca en el Cesar y en Pueblo Nuevo hemos tenido que decirles que su tierra no era apta para coco, y nos lo agradecieron.
- Haga las cuentas completas: una hectárea de coco cuesta entre 60 y 70 millones de pesos hasta el año tres, sin contar la tierra, y la mitad de esa plata se va el primer año. Con genética mejorada la inversión se recupera hacia el año seis o siete; con criollo, hacia el ocho o nueve.
Se lo dije a Charles al final: estos no son negocios solo agrícolas, son negocios financieros, y hay que meterse en el Excel. Si quiere empezar por la semilla, aquí explicamos cómo elegir plántulas de coco y qué ofrece cada una de nuestras dos genéticas. Y si quiere que revisemos su finca, escríbanos.
Pueden ver la conversación completa en YouTube.
Luis Pico, director de Sabana Agro.



